jueves, 7 de noviembre de 2013

Europa como medicina

No le faltaba razón a Miguel Guillén cuando le daba tanta relevancia al duelo de este jueves en tierras portuguesas. Primero, porque un buen resultado del Real Betis le dejaría más cerca de la segunda fase (dependerían de sí mismos para acabar entre los dos primeros esta fase de grupos). Segundo, porque cuando se pierden tantos partidos un triunfo es gloria bendita para ver el futuro de otra manera aunque en el horizonte toque medirse dentro de unos días con el Barcelona en la Avenida de la Palmera y el eterno rival en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán. Por eso el mandamás, técnicos y peloteros saben que volver a casa con la satisfacción del deber cumplido es el mejor bálsamo para que no se piense en cuestiones que no pasaban por la mente de los béticos desde hace ya algunos ejercicios.

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